Música

04.10.2022

   No hay duda de que la música tiene que ver con las ideas eternas. Es la experiencia estética fundamental. No hay arte que suspenda la voluntad como lo hace la música. A menudo uso música en mis servicios en el tanatorio, y en ocasiones el tema resulta especial, intenso. Esta vez le tocó a Juan Sebastián Bach. 

   Parafraseando a Schopenhauer, mi vida es un refresco agridulce, mi existencia en conjunto consiste en una continua adquisición de conocimientos -por lo menos eso me gustaría- junto al intento de ganar comprensión a este mundo real. No hay nada que desee más que comprender este mundo, pero ocurre que cuanto más intento comprender más triste y deprimente me parece todo. Sin embargo ganar en comprensión sobre este triste mundo resulta satisfactorio. Es decir, que se entremezcla la amargura del descubrimiento con la dulzura del propio conocer. Hasta ahora el mundo ha sido igual que el de mis abuelos, era lo mismo pero de distinta manera. Ahora es cuando comienzo a ver que las cosas ya no son lo mismo, hay una profunda transformación del significado de la vida. Pero si hay una cosa que siempre será igual es la experiencia estética de la música. 

   No hay arte que haga salir de uno mismo de esa manera, no hay forma artística que eleve el alma como lo hace la música. Es como si la música dándose en un tiempo y un espacio nos llevase a un tiempo y un espacio inexistente. La emoción que la música provoca no la provoca ninguna experiencia artística. Podemos decir que una poesía, o un cuadro, provocan emociones, incluso nos pueden llevar al llanto, pero la música es diferente. En la poesía se evoca un amanecer, el amor, la belleza, en la obra pictórica se representa algo bello que evoca sentimientos humanos perfectamente identificables, pero la música instrumental, donde no hay palabras, solo sonidos que dicen cosas diferentes a cada uno, evoca los sentimientos propios del alma y los eleva. La música nos eleva por medio de nosotros mismos. La música no nos habla de cosas, nos habla del ser mismo. La música es el verdadero lenguaje universal. Algo más, la música no existe como existe la obra pictórica o la escultura, la música se da en el tiempo, durante unos minutos, luego desaparece...

© 2019 Alberto Jáimez. Todos los derechos reservados.
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