Héroe

18.09.2022

Ayer me tocó presidir las exequias de Andrés, cantante de «Mi dulce geisha», una banda de rock de Santurtzi, muy conocida en la escena local, y más allá de lo local. Acostumbrado a las exequias de difuntos mayores, encontrarte con un difunto de 43 años te toca mucho el corazón. Andrés llevaba años padeciendo una de esas enfermedades que llaman raras para no dedicarle euros a investigar cómo curarlas. Andrés, era un luchador, un ser humano muy grande, esa era la definición más habitual entre las decenas de jóvenes que había ayer en el tanatorio de Santurtzi. Buscar a Andrés de «Mi dulce geisha» es encontrar a un tipo comprometido, solidario, con mucho carisma, que demostró que desde limitaciones que a muchos nos detendrían en seco, se puede seguir adelante con más fuerza aún si cabe. Los roqueros también creen en Dios, y entraron en la pequeña capilla, un poco perezosos, pero confiando en el consejo del personal del tanatorio: «Alberto es un diácono distinto, no es como imagináis a un diácono». Yo ya había hablado con varias personas sobre cómo hacer la despedida, Sergio, el batería de «Mi dulce geisha», diría unas palabras, las que le salieran en el momento, le pedí que fuera él, sin cortarse, entre colegas. Resultó que fue entre hermanos. Fui testigo de una escena curiosa que no me pasó desapercibida como teólogo. Sergio dijo que era amigo de Andrés, y la madre elevó la voz y le dijo «no eres su amigo, eres su hermano». Me recordó cuando Jesús en la Cruz acompañado de Juan su amigo y María su madre, le dijo a Juan: «ahí tienes a tu madre», y luego le dijo a María: «ahí tienes a tu hijo». Aquí fue la madre quien dijo al amigo: «ahí tienes a tu hermano». Durante las exequias procuré traducir el lenguaje litúrgico a un lenguaje entendible, creíble para tipos, que como yo cuando era más joven, saben lo que es sudar en un local de ensayo tocando durante horas mientras tus amigos están de fiesta. En el fondo, creo que Dios propició este encuentro. De entre todos los tanatorios, de entre todos los que hacemos servicios en la pastoral de los tanatorios, a Andrés le toco el único ministro de la Iglesia que disfruta, que ama el rock, a cientos de kilómetros a la redonda. Al conocer los grupos que más le gustaban a Andrés, les propuse, para despedirle, un tema de Sober, grupo de rock madrileño, pongo abajo el enlace para escuchar y leer la letra, que no tiene desperdicio. Los padres de Andrés andaban por allí, recibiendo el cariño de mucha gente, era un tema perfecto para dedicárselo a su madre. No hay nada más duro que ver morir al fruto de tus entrañas. Allí lloramos todos. Fue un regalo de Dios poder hacer este servicio. El Señor también escucha rock.

© 2019 Alberto Jáimez. Todos los derechos reservados.
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