Memento mori

En los triunfos romanos el general victorioso o el mismo emperador montaba una cuadriga, la gente le aclamaba como a un semidios, pero lo que casi nadie veía era que detrás de él había un esclavo que le susurraba al oído de vez en cuando "memento mori"; recuerda, tu morirás. Esta frase era la mejor manera de evitar que el éxito se subiera a la cabeza. Hagamos lo que hagamos somos mortales. En general, esta es una de las meditaciones más efectivas que podemos hacer. Pensar sobre nuestra propia muerte es quizá la mejor manera de mejorar. En esta vida no hay nada seguro, todas las personas que queremos no son eternas, nosotros mismos somos mortales. Todos moriremos, tu, que lees esto, yo que lo escribo. Van a morir tus padres, tus amigos, tu pareja. Asumirlo, pensar en ello no es una manera de deprimirse, sino de todo lo contrario. No tenemos derecho a ver la vida de manera negativa, no podemos dejar para mañana ninguna muestra de amor, no podemos permanecer mudos si hemos de decir un te quiero, porque puede ser que sea lo último que hagamos. Memento mori es una forma de dar gracias a la vida, de vivir con intensidad, de amar de verdad a las personas que amas, de hacer lo que de verdad queremos hacer. Solemos preguntarnos qué haríamos si nos diesen una semana de vida, y cada uno damos una respuesta, aunque todas son bastante parecidas; pasar más tiempo con mi pareja, jugar con mis hijos siempre que me lo pidan, amar más, odiar menos, sonreír, vivir sin rencor... por qué no hacerlo ahora. Memento mori es una forma de encontrar el propósito para vivir, es un recordatorio de que la vida tiene mucho sentido, que no podemos desperdiciarla enfangando nuestra existencia con enfados, enojos, caras largas. Demos los últimos toques a la vida todos los días, puede ser que hubiéramos llegado al final. Decía Marco Aurelio que era bueno imaginar nuestra propia muerte, y que ese pensamiento debía dirigir lo que decimos y lo que hacemos. Si muriéramos hoy mismo, qué recuerdo dejaríamos a las personas que queremos. Suelen ser útiles los recordatorios de muerte. Las joyas con calaveras, muy populares en los siglos XVI, XVII y XVIII, el arte conocido como Vanitas, del que la imagen del pintor Philippe de Champagne, que adorna este texto es un bello ejemplo, hoy en día, los anillos de calaveras que lleva cualquier motero no es más que un recordatorio de que es mortal. En nuestra sociedad estas imágenes son ciertamente desagradables, pensar sobre la propia muerte puede ser horrible para muchos, pero hacerlo es una clave para vivir la mejor vida posible. Puedes dejar la vida ahora mismo, deja que esa determinación influya en lo que vas a decir o hacer. (Marco Aurelio)