Lo razonable

11.12.2021

Decía Epicteto que cada uno se vende a un precio, y hace razonable lo insoportable. Somos seres racionales y nuestra naturaleza está en actuar de manera razonable. Lo único insoportable para un ser racional sería la irracionalidad, pero si disfrazamos lo irracional de razonable, todo, absolutamente todo, se puede soportar. Cualquier cosa, da igual, lo más absurdo e irracional que podamos imaginarnos, si sentimos que es razonable lo soportamos. Nada nos inquieta más que las cosas que percibimos irracionales, y nada nos atrae más que lo razonable. Y de la misma manera que vamos considerando lo razonable como conveniente y lo irracional como inconveniente, acabamos por crear el calificativo de bueno para lo razonable y malo para lo irracional. Cuando de todas las maneras, somos nosotros los que damos plausibilidad a lo razonable, y por lo tanto hacemos bueno lo que necesitemos hacer bueno. Y lo hacemos subjetivamente, cada uno construye su bondad y su maldad. Así soportamos sin pestañear asuntos que perfectamente podrían haber sido insoportables. Por eso es tan importante la educación, porque nos ayuda a convertir en soportable todo aquello que la convención social decide que sea soportable. Adaptamos sin dudarlo, hacemos razonable, todo aquello que hace muy poco era totalmente irracional. Cada uno vende su racionalidad al precio que considera, normalmente cuesta tan poco como mover la mano para coger el mando de la televisión. Suele ser la televisión quien nos convence, quien nos dice cómo adaptar el concepto de razonable e irracional a los casos particulares. Y lo malo es que hacemos caso, que nos enfrentaremos entre nosotros para defender o atacar la falta de razonabilidad de aquello que era perfectamente razonable hace un par de años. Todo orquestado por la televisión, que nos indica, como digo, qué es razonable y qué es irracional. Decía Epicteto que para juzgar lo razonable y lo irracional cada uno nos servimos de nuestra propia dignidad. Si nos vamos metiendo nosotros solitos en una dictadura es cada uno y su grado de colaboración quien tiene que examinarlo. Si corremos horrorizados a urgencias porque hemos tosido y sin embargo vemos normal que decenas de futbolistas profesionales caigan fulminados por ataques cardiacos en pleno partido, es que hemos cambiado los polos de lo razonable y lo irracional. Si consideramos que una enfermedad que no afecta a los niños vale más que arriesgarlos a cardiopatías que complicarán su vida en el futuro es que hemos cambiado los polos de lo razonable y lo irracional. Si estoy dispuesto a provocar en mis hijos los problemas que a día de hoy tengo yo, es que he cambiado los polos de lo razonable y lo irracional. Decía Marco Aurelio que, con todo derecho, la facultad racional y social considerará inferior todo lo que carezca de inteligencia y de sociabilidad. Mal vamos hoy si consideramos superior lo que carece de racionalidad. Cada uno se conoce a sí mismo y sabe cuál es su precio y en cuánto se vende. ¿Tú, por cuanto te vendes? ¿Tu vida por una cena en un restaurante? En El bueno, el feo y el malo, el rubio, el personaje que encarna el viejo Clint dice una de las frases más geniales de la historia del cine: «Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas»

© 2019 Alberto Jáimez. Todos los derechos reservados.
Creado con Webnode
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar