El charlatán

08.12.2021

Dícese de aquel que tiene propensión de hablar mucho, pero no tanto hablar por hablar sino por hablar tonterías. El que habla mucho pero provechosamente es más bien locuaz, sin embargo, parafraseando a quien esperaba el autobús sentado en un banco, tonto es el que hace tonterías, y charlatán es quien habla tonterías. Quizá yo mismo sea un charlatán de libro, juzguen ustedes. Pero yo nunca sería capaz de sentarme al lado de alguien a quien no conoce y empezar contándole qué he desayunado, para acabar explicándole que cenar ligero es mejor para el estómago, pasando por la mili, las últimas elecciones o que antes éramos mejores, que hoy la gente no vale para nada, o lo baratas que están las naranjas del Mercadona para haberlas traído desde chile diciendo que son españolas. Huyamos de esta gente. Prefiero el dulce silencio de la noche, aunque no sea estrellada y tenga nubarrones, pero son nubarrones callados, de boca cerrada. El hablar mucho debe servir a la verdad, pero concisa, sin artificio, con simpleza, que el sí sea sí y en no sea no. Poco más hace falta. Pensemos que las palabras han de ser provechosas, y no deleitosas, porque para deleite ya tenemos los poetas. Hablemos cuando se nos pida hablar, seamos dueños de nuestros silencios en lugar de esclavos de nuestras palabras, es mejor mantener la incógnita sobre la propia estulticia que hablar y despejar toda duda. Callemos pues.

© 2019 Alberto Jáimez. Todos los derechos reservados.
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